Por: Haroldo Dilla Alfonso.
La actual élite política cubana —esa mezcla imperfecta de militares, tecnócratas y burócratas rentistas— está echando mano a cuanto recurso ideológico o emotivo le pase cerca para legitimar su propia estancia en el poder. Pero realmente no hay muchos recursos disponibles.
Ya casi nadie habla en Cuba de socialismo, de un mundo superior o de las leyes de la historia soplando por la popa, argumentos medulares en aquella época en que había más banderas soviéticas en la bahía de la Habana que en la Plaza Roja. Y aunque los tecnócratas tratan de presentar sus argumentos eficientistas sobre perdedores y ganadores —música celestial para las agencias internacionales y los corrillos universitarios liberales— son muy poco creíbles en contextos de estancamiento económico y pobreza generalizada. Contextos en que los perdedores son demasiados y los ganadores un puñadito de origen muy dudoso.
En consecuencia, a los partisanos del General/Presidente solo les queda un argumento: el nacionalismo. Pero un nacionalismo que se mueve con muchas dificultades, como renqueando.
Ya pasó el tiempo en que los dirigentes cubanos, con Fidel Castro a la cabeza, enarbolaban un nacionalismo de pasarelas, en que la supuesta lucha por la soberanía era dibujada como parte de la conquista de un mundo superior. Era un nacionalismo holocáustico, belicoso y militarista, que no pedía a un líder que sugiriera, sino a un comandante que ordenara. No cultivaba la patria para la vida, sino que la cambiaba por la muerte. En nombre del antiplattismo, no escatimaba maniobras antinacionales. Pero era un nacionalismo que se veía a sí mismo conquistando el futuro. Un nacionalismo efervescente que cautivaba la imaginación de muchas personas de todas las generaciones. Era, en última instancia, un nacionalismo apoyado en una alianza con una superpotencia y que apelaba y concitaba el apoyo de una parte muy alta de la población.
El nacionalismo de los últimos tiempos, en cambio, es terriblemente opaco y poco elegante, como la claque octogenaria que controla los resortes del poder. Es un fetiche descolorido, un espantajo de últimas trincheras. Es un recurso desesperado para seguir cubriendo con un manto seudo-patriótico los ríspidos problemas reales de la nación cubana. No ofrece nada superior. Es la expresión política de un proyecto muy imperfecto de país que se quiere ventilar mediante la alianza del sector tecnocrático/militar hegemónico con actores advenedizos tales como la jerarquía católica, la estrecha franja de “ganadores” del ajuste, los intelectuales subsidiarios y los sectores emigrados proclives a un entendimiento casi sin condiciones con el Gobierno cubano.
Nunca, como ahora, el nacionalismo postrevolucionario ha sido una invitación al autismo, entre otras razones porque opera sobre un concepto viejo de nación que se difumina. Pues la nación a que alude el nacionalismo oficialista cubano es el de la nación única e indivisible, insular e insularista, centralizada, con un apéndice externo emigrado que sirve para enviar remesas, pagar servicios y al que se puede manipular políticamente. Y esa nación ya está desapareciendo.
En primer lugar porque el signo de los tiempos es transnacionalista. Pensar la sociedad cubana desde el insularismo es tan ineficiente como creer que todos los problemas que nos atañen pueden resolverse con nuestras claves. La sociedad cubana hoy es una sociedad transnacional. Cerca de un 20 % de su población —una proporción aún mayor de sus jóvenes y de sus profesionales— viven en otros países, mayoritariamente en dos exmetrópolis: España y Estados Unidos. De estas personas depende el sostenimiento de millones de familias en Cuba, y una parte muy importante de los ingresos fiscales que el Gobierno percibe a través de la práctica parasitaria de hacerles pagar a precio de oro cada contacto que tienen con la Isla.
Querer administrar esta diversidad con mezquinas reuniones del Gobierno con sectores adeptos de la emigración, y llamarle a eso la nación y la emigración, es antinacional y tremendamente inmoral. Pretender montar una tramoya nacionalista sin tener en cuenta toda la riqueza de oportunidades que guarda la comunidad emigrada es simplemente una torpeza. Una más entre las tantas a que nos tiene acostumbrado la clase política cubana.
El segundo problema que carcome las bases del adefesio nacionalista es que está ocurriendo una fragmentación del espacio nacional al calor de las diferentes intensidades de exposición de los espacios regionales a la economía global. La idea de Cuba se mueve, errática, entre la costa norte Habana/Matanzas mirando al sur de la Florida —con sus remesas, campos de golf, marinas e inversiones brasileñas— y la costa sur de Oriente en proceso de haitianización. Ambas partes son Cuba y la habitan cubanos, pero evidentemente de diferentes maneras, todo lo cual nos obliga a pensar que la consigna sobre el orgullo de “ser cubanos” tiene lecturas muy diversas según el lugar donde la gente nace.
No hay signos positivos que indiquen una voluntad para afrontar la inequidad territorial con políticas descentralizadoras y de asignaciones. Al contrario, la clase política cubana persiste en limitar legalmente la movilidad horizontal y en hundir a los contingentes de migrantes internos en situaciones de ilegalidad y subciudadanía en su misma nación. Es un abuso antinacional que solo es posible en un país donde no existe opinión ni debates públicos.
El nuevo nacionalismo no solo es autoritario, sino también conservador. No hay en él nada de innovación aunque se levante sobre las cenizas dispersas de una revolución que murió hace mucho tiempo. Y su sello conservador se acentuará en la misma medida en que avance el pacto político con la cúpula de la única otra institución centralizada (y ciertamente nacionalista a su manera) que existe en la Isla: la Iglesia católica.
Y de la convergencia de jerarcas militares y eclesiásticos emerge la imagen intensamente revalidada de la Virgen Mambisa, bajo cuya “dulce mirada” dejó Benedicto la solución de los problemas nacionales. Una revalidación tan intensa que ha logrado conmover las fibras místicas más profundas de toda la prensa nacional, incluyendo al infecundo periódico Granma.
En resumen, la sociedad cubana está expuesta a un nacionalismo autoritario y conservador en función de la reproducción del poder de los militares, los tecnócratas y del Clan Castro. Un nacionalismo que coloca a toda la sociedad al servicio de la restauración capitalista en beneficio de la élite tecnocrática/militar. Un inmenso peligro que conspira contra nuestras aspiraciones democráticas y contra nuestra historia de laicidad. Un obstáculo más que habrá que vencer para avanzar hacia una nueva propuesta de nación —democrática, justa y laica— que nos pertenece a todos y todas. Insulares y emigrados.
Declaramos que la libertad de expresión, el flujo amplio y tolerante de ideas y el uso libre de los medios y expresiones de la comunicación social y la cultura de todos los ciudadanos es un derecho inalienable que pertenece a todos por igual.
jueves, 7 de junio de 2012
¿Quién es el mercenario?
Por : Oscar Espinosa Chepe.
“No acepto dar el mismo derecho de los académicos a los mercenarios” proclamó el escritor Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y miembro del Comité Central del Partido Comunista, en el marco de la XXX Conferencia de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA), efectuada en San Francisco, California, en mayo.
El exabrupto de Barnet respondió a una intervención del sociólogo Ted Henken, profesor del Baruch Collage University de Nueva York (CUNY), quien demandó otorgar el mismo derecho a los cubanos para participar en un evento de LASA, mencionando los casos de la bloguera Yoani Sánchez y Oscar Espinosa Chepe, a quienes el Gobierno cubano ha impedido participar en conferencias previas de la organización.
Esto sucedió durante un encuentro de la Sección Cuba de LASA, que elaboraba una resolución de condena al Gobierno de Estados Unidos por negar visas a 10 académicos e intelectuales, aunque se concedió a 65 que participaron, incluidos la Dra. Mariela Castro Espín y Eusebio Leal, historiador de La Habana. El profesor Henken había planteado: “Si nosotros, como una organización que existe para promover las relaciones científicas y culturales con Cuba, tomamos una posición pública a favor del intercambio académico bilateral y contra una manipulación política de ese tipo de viajes, entonces debemos hacerlo en ambas direcciones y para todas la personas”.
Resulta insólito que el Sr. Barnet acusara de “mercenarios” a personas pacificas que durante años se han dedicado a analizar —a pesar de la represión— la situación nacional y que con sólidos argumentos, en la mayoría de las veces basados en informaciones y estadísticas oficiales, han advertido y demostrado que el país ha sido conducido “al borde del precipicio”, como ha reconocido el presidente Raúl Castro.
¿Pero qué puede esperarse de una persona firmante el 19 de abril de 2003 de un mensaje a personalidades del mundo para legitimar la brutal represión desatada en marzo de ese año contra 75 pacíficos disidentes y activistas de derechos humanos, condenados hasta a 28 años de cárcel, así como el fusilamiento de tres jóvenes por erróneamente intentar el secuestro de un barco para huir de Cuba, sin ocasionar hechos de sangre? Sobre el escritor y quienes además firmaron ese mensaje siempre pesarán las injusticias cometidas, los asesinados y los sufrimientos de muchas familias. Ese documento fue respondido por relevantes intelectuales y artistas en “A los queridos amigos cubanos (dentro y fuera de Cuba)”, del 28 de abril, que puso de relieve la maldad e hipocresía de los secuaces del gobierno cubano, con una definición lapidaria: “Basta ya de escudarse en las atrocidades del enemigo para cometer impunemente las propias. Las injusticias y los crímenes contra la humanidad han de ser denunciados por los ciudadanos, vengan de donde vengan y los cometan quienes los cometan.”
Durante muchos años apoyamos el proceso que tantas esperanzas creo al pueblo cubano, pero con igual intensidad, cuando comprendimos que había torcido el camino y convirtió Cuba en un verdadero infierno, nos hemos esforzado por contribuir a forjar un derrotero de oportunidades para todos los cubanos y prosperidad para nuestro país. Siempre hemos defendido su independencia y soberanía, así como rechazado cualquier interferencia extranjera. Barnet y, lamentablemente, otros intelectuales y artistas cubanos, se convirtieron en servidores de un régimen represivo, encabezado por personas solamente interesadas en mantener el poder a toda costa y a todo costo, bajo la falsa bandera de un socialismo apócrifo. Barnet posee la misma naturaleza que los servidores de Hitler, Stalin, Mussolini y Batista, quienes con halagos y mansedumbre pusieron sus talentos al servicio del poder para escalar posiciones, por encima de los sufrimientos de los pueblos.
Todos conocemos cómo el totalitarismo paga esos “valiosos servicios”. Esas conductas antipatrióticas son retribuidas con status especiales, sin la menor carencia, autos, prebendas y viajes al extranjero, mientras se cercenan los derechos fundamentales y el pueblo se hunde en la miseria. Cuando los trabajadores perciben el equivalente a 18 dólares de promedio mensuales de salarios y los pensionados no llegan a 12 dólares, pagados en una moneda que el Estado no acepta en la mayoría de sus tiendas; en un escenario donde la situación económica, política, social, medio ambiental, demográfica y espiritual es cada vez más caótica y amenaza hasta los fundamentos de la nación. Por supuesto sobre esos problemas básicos no se pronuncia ni escribe el Presidente de la UNEAC, únicamente interesado en mantener sus privilegios, entramado fraguado en épocas de persecución a verdaderas glorias intelectuales y artísticas de Cuba. Entonces, ¿Quién es el mercenario?
“No acepto dar el mismo derecho de los académicos a los mercenarios” proclamó el escritor Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y miembro del Comité Central del Partido Comunista, en el marco de la XXX Conferencia de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA), efectuada en San Francisco, California, en mayo.
El exabrupto de Barnet respondió a una intervención del sociólogo Ted Henken, profesor del Baruch Collage University de Nueva York (CUNY), quien demandó otorgar el mismo derecho a los cubanos para participar en un evento de LASA, mencionando los casos de la bloguera Yoani Sánchez y Oscar Espinosa Chepe, a quienes el Gobierno cubano ha impedido participar en conferencias previas de la organización.
Esto sucedió durante un encuentro de la Sección Cuba de LASA, que elaboraba una resolución de condena al Gobierno de Estados Unidos por negar visas a 10 académicos e intelectuales, aunque se concedió a 65 que participaron, incluidos la Dra. Mariela Castro Espín y Eusebio Leal, historiador de La Habana. El profesor Henken había planteado: “Si nosotros, como una organización que existe para promover las relaciones científicas y culturales con Cuba, tomamos una posición pública a favor del intercambio académico bilateral y contra una manipulación política de ese tipo de viajes, entonces debemos hacerlo en ambas direcciones y para todas la personas”.
Resulta insólito que el Sr. Barnet acusara de “mercenarios” a personas pacificas que durante años se han dedicado a analizar —a pesar de la represión— la situación nacional y que con sólidos argumentos, en la mayoría de las veces basados en informaciones y estadísticas oficiales, han advertido y demostrado que el país ha sido conducido “al borde del precipicio”, como ha reconocido el presidente Raúl Castro.
¿Pero qué puede esperarse de una persona firmante el 19 de abril de 2003 de un mensaje a personalidades del mundo para legitimar la brutal represión desatada en marzo de ese año contra 75 pacíficos disidentes y activistas de derechos humanos, condenados hasta a 28 años de cárcel, así como el fusilamiento de tres jóvenes por erróneamente intentar el secuestro de un barco para huir de Cuba, sin ocasionar hechos de sangre? Sobre el escritor y quienes además firmaron ese mensaje siempre pesarán las injusticias cometidas, los asesinados y los sufrimientos de muchas familias. Ese documento fue respondido por relevantes intelectuales y artistas en “A los queridos amigos cubanos (dentro y fuera de Cuba)”, del 28 de abril, que puso de relieve la maldad e hipocresía de los secuaces del gobierno cubano, con una definición lapidaria: “Basta ya de escudarse en las atrocidades del enemigo para cometer impunemente las propias. Las injusticias y los crímenes contra la humanidad han de ser denunciados por los ciudadanos, vengan de donde vengan y los cometan quienes los cometan.”
Durante muchos años apoyamos el proceso que tantas esperanzas creo al pueblo cubano, pero con igual intensidad, cuando comprendimos que había torcido el camino y convirtió Cuba en un verdadero infierno, nos hemos esforzado por contribuir a forjar un derrotero de oportunidades para todos los cubanos y prosperidad para nuestro país. Siempre hemos defendido su independencia y soberanía, así como rechazado cualquier interferencia extranjera. Barnet y, lamentablemente, otros intelectuales y artistas cubanos, se convirtieron en servidores de un régimen represivo, encabezado por personas solamente interesadas en mantener el poder a toda costa y a todo costo, bajo la falsa bandera de un socialismo apócrifo. Barnet posee la misma naturaleza que los servidores de Hitler, Stalin, Mussolini y Batista, quienes con halagos y mansedumbre pusieron sus talentos al servicio del poder para escalar posiciones, por encima de los sufrimientos de los pueblos.
Todos conocemos cómo el totalitarismo paga esos “valiosos servicios”. Esas conductas antipatrióticas son retribuidas con status especiales, sin la menor carencia, autos, prebendas y viajes al extranjero, mientras se cercenan los derechos fundamentales y el pueblo se hunde en la miseria. Cuando los trabajadores perciben el equivalente a 18 dólares de promedio mensuales de salarios y los pensionados no llegan a 12 dólares, pagados en una moneda que el Estado no acepta en la mayoría de sus tiendas; en un escenario donde la situación económica, política, social, medio ambiental, demográfica y espiritual es cada vez más caótica y amenaza hasta los fundamentos de la nación. Por supuesto sobre esos problemas básicos no se pronuncia ni escribe el Presidente de la UNEAC, únicamente interesado en mantener sus privilegios, entramado fraguado en épocas de persecución a verdaderas glorias intelectuales y artísticas de Cuba. Entonces, ¿Quién es el mercenario?
El Gobierno de Cuba ante el Comité contra la Tortura
Por: Miriam Leiva.
Las autoridades cubanas durante más de 9 años evadieron el análisis de sus violaciones de los derechos humanos en el Comité sobre la Tortura de las Naciones Unidas; período coincidente con la asonada de marzo de 2003, cuando sometió a juicios sumarísimos a 75 pacíficos opositores y fusiló a tres jóvenes secuestradores de un barco sin ocasionar hechos de sangre, así como fallecieron en huelga de hambre los prisioneros políticos Orlando Zapata Tamayo y Wilman Villar Mendoza, y se mantuvo fuerte represión sobre muchos integrantes de la sociedad civil cubana.
La 48 Sesión del Comité analizó el informe presentado por el Gobierno de Cuba, cumplimentando su compromiso como Estado Parte de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (que suscribió en 1987 y la Asamblea Nacional ratificó en 1995), el 22 y el 23 de mayo, y emitió sus Observaciones Finales el 1 de junio. Las autoridades cubanas siempre han negado la aplicación de tortura, en alusión a las notables evidencias físicas, pero el concepto es mucho más amplio.
El Artículo 1 de la Convención precisa que “se entenderá por ‘tortura’ todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos son infligidos por un funcionario público y otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia”.
El Comité contra la Tortura está compuesto por 10 expertos independientes, propuestos por los países, pero trabajan a título personal. Su tarea es supervisar la aplicación de la Convención por los Estados Partes, los cuales tienen que presentar informe periódicos y responder a las preguntas sobre las denuncias recibidas, así como acudir a la convocatoria del Comité para la consideración de los informes. Sesiona en Ginebra, dos veces al año, y en esta ocasión se analizaron Albania, Armenia, Canadá, Cuba, República Checa, Grecia, Ruanda y Siria.
Según se constata en los reportes de las agencias de prensa internacionales, los relatores Nora Sveaass y Fernando Marino Menéndez, y otros expertos, analizaron el Informe, así como se refirieron en detalle a las bien documentadas denuncias recibidas, el 22 de mayo, y al día siguiente, la delegación cubana rechazó todas las imputaciones. El vice fiscal Rafael Pino Bécquer, argumentó que entre los años 2007 y 2011 fueron atendidas 263 denuncias por malos tratos en lugares de detención, en razón de lo cual “resultaron penalmente responsables 46 agentes de las fuerzas del orden”. Expresó que todas las denuncias sobre malos tratos eran falsas, negó la existencia de cárceles hacinadas y afirmó que no ha habido una sola muerte en la prisión de las que se puede culpar a las autoridades. Sobre la situación de los activistas de derechos humanos repitió las falsedades tradicionales del Gobierno de que no “pueden ser calificados bajo ese concepto, según los preceptos de la ONU”, porque sus acciones “buscan destruir el orden interno de Cuba (…) al servicio y bajo la orientación de una potencia extranjera. En Cuba, los auténticos defensores de los derechos humanos son protegidos. Nadie en nuestro país ha sido perseguido o sancionado por ejercer sus derechos, incluidos los de libre expresión y asociación”. Sobre el concepto de peligrosidad manifestó que es aplicado por jueces independientes bajo las reglas del debido proceso, de acuerdo con pruebas suficientes, “y ciertamente no a causa de las creencias políticas de los individuos. Solo existen detenciones adecuadamente registradas para un ciudadano o un grupo que quisiera alterar el orden público”.
El documento “Observaciones Finales” del Comité comienza señalando que el Informe Periódico presentado por el Estado Parte, con más de 9 años de retraso, no se ajusta plenamente a las directrices establecidas, y lamenta que algunas de las preguntas formuladas quedaron sin responder. Reiteró la recomendación de 1997 de que se tipifique en el derecho interno el delito de tortura, según figura en el Artículo 1 de la Convención. Recomendó que se garantice a los detenidos todas las garantías jurídicas fundamentales; se adopten las medidas necesarias para que las condiciones de detención correspondan a las Reglas Mínimas de Tratamiento de Reclusos de ONU; se mejore la alimentación y los recursos para la atención médica y sanitaria; se garantice la comunicación con los familiares y un abogado; quede completamente prohibida toda sanción cruel, inhumana o degradante, como el internamiento en celdas de aislamiento en condiciones deplorables.
El Comité planteó preocupación por la ambigüedad jurídica de los presos excarcelados bajo “licencia extrapenal”, y constató las informaciones recibidas sobre las restricciones arbitrarias de su libertad personal y de libre circulación. Asimismo expuso la necesidad de modificar las disposiciones del Código Penal relativas a la peligrosidad social predelictiva.
Entre otras cuestiones tradicionalmente muy rechazadas por el Gobierno de Cuba, el Comité sugirió la ratificación del Protocolo Facultativo de la Convención para crear un sistema de visitas periódicas de observadores nacionales e internacionales sin notificación previa, destinado a prevenir la tortura o penas inhumanos y degradantes, y reiteró su recomendación anterior de que se permita la entrada al país de las organizaciones no gubernamentales de derechos humanos, y cooperar con ellas para la identificación de casos de tortura y malos tratos. También manifestó serias reservas sobre las tres últimas ejecuciones de condenas de muerte, tras procedimiento sumarísimo, realizadas el 11 de abril de 2003, y llamó a examinar la abolición de la pena de muerte.
El Comité manifestó que el Estado Parte debe garantizar la investigación sin demora, exhaustiva e imparcial de todas las muertes de detenidos, y el seguimiento y tratamiento médico adecuado de las personas privadas de libertad que se declaran en huelga de hambre. Mostró preocupación porque no se han producido cambios significativos en el sistema judicial desde la presentación de su informe inicial en 1997, particularmente la falta de independencia de los poderes ejecutivo y legislativo; recomendó garantía al respeto de los Principios Básicos de los Abogados; llamó al cese de la represión con detenciones arbitrarias o la aplicación de medidas de seguridad predelictiva contra opositores políticos, defensores y activistas de derechos humanos, periodistas independientes y otros actores de la sociedad civil en situación de riesgo y sus familiares; pidió garantizar que todas las personas estén protegidas frente a la intimidación y la violencia a las que podrían exponerlas sus actividades o el simple ejercicio de sus libertades de opinión y expresión, y sus derechos de asociación y reunión pacifica, así como autorizar la inscripción de las organizaciones no gubernamentales de derechos humanos que lo soliciten en el Registro de Asociaciones Nacionales. Además, invitó a ratificar los tratados fundamentales de derechos humanos, en particular el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Político, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y otros.
Cuando en Cuba no se ha publicado la realización de esta sesión de análisis, casi seguramente el Gobierno no ejecutará la recomendación de que se dé amplia difusión al informe presentado al Comité y sus observaciones finales a través de los medios de difusión oficial y las organizaciones no gubernamentales. En todo caso puede esperarse represión a las ONG de la oposición que lo divulguen.
Como el Sr. Manfred Novak, relator especial contra la tortura, no pudo cumplimentar la invitación de visitar Cuba en 2009, el Comité instó a reiterarla a su sucesor. El representante gubernamental manifestó que se está considerando nuevamente una visita, a pesar de que “no tenía fe en las fuentes de información utilizada por el Comité”. Se recuerda la ilusión inicial del Sr. Novak, que terminó con una total decepción, pues se le daban excusas y cambiaban las fechas a cada propuesta suya de viaje, evidentemente debido a su declaración de que se proponía visitar las prisiones sin previo aviso y entrevistarse con todos los cubanos. Ahora a su sucesor, el señor Juan Méndez, podría aguardarle una situación similar, sobre todo después de la pormenorizada exposición de los métodos represivos del Gobierno contra el pueblo cubano.
domingo, 27 de mayo de 2012
UN MONUMENTO A LA LIBERTAD
por María Rivadulla
Anda ya por YouTube Cocodrilo Smile, video con una exposición celebrada en Cuba, auspiciada por caricaturistas cubanos, de dentro y fuera de la isla y por SATS.
De pronto se devela ante nosotros la fuerza de un grupo de gente libre, en un encuentro totalmente atípico, tan distinto al resto del micromundo que es el caimán acostado pero no caído de nuestra isla. La expresión “gente libre” puede resultar chocante para todos los que sabemos que no hay libertades en Cuba ¡de ningún tipo! excepto la que no han podido aplastar o encadenar los Castro y su dictadura: la libertad del espíritu, la libertad del alma, la libertad de la creatividad que de alguna manera, siempre va a intentar buscar su espacio y salir a la luz porque es intrínseca a la naturaleza humana, porque precisamente vive de la luz, porque además tiene como función transmitir y educar.
Caricaturistas cubanos, hombres que dibujan rompiendo cadenas, que han logrado ¿vencer el miedo o aprender a convivir con él? y un grupo numerosísimo –para los estándares dictatoriales– de intelectuales, escritores, artistas, blogueros, disidentes reconocidos ¡y hasta jóvenes y niños!, participaron en la exposición.
Las muestras, todas llenas de un humor fabuloso, de ése que provoca la ancha risa del que sabe lo que hay delante y detrás de cada trazo, tenían como tema por supuesto el quehacer político al que ha estado impuesto el pueblo cubano desde 1959 hasta la fecha.
Las caricaturas fueron rifadas al final del encuentro.
Podemos mudarnos por un rato a ese perdido y particular espacio mental que todos tenemos, donde los “quizás” pueden ser protagonistas para elaborar otra historia, donde nos refugiamos cuando la nostalgia por la Cuba en que no estamos nos aprieta la respiración. Ya allí, jugar un poco a que:
“Quizás” si esto hubiera podido hacerse en los inicios, si la prensa no hubiera sido aplastada, si la generación que “se quedó” y que conoció el pasado no hubiera sido arropada por el miedo implantado por la dura represión ejercida para consolidarse Fidel Castro en la silla del poder absoluto, si esa generación no se hubiera callado y nos hubiera hablado y transmitido a los que nacimos a continuación, toda la verdadera historia de luchas, de desatinos pero también de aciertos y esfuerzos para hacer un país mejor, una república sobre bases sociopolíticas más honestas y justas para todos...
“Quizás” si eso hubiera pasado, y si los caricaturistas políticos –que tantos y tan buenos los había– hubieran podido expresar, desde que comenzaron a sentirlo, que estábamos montando –la mayoría sin tener conciencia de ello– el embeleco de una dictadura; y con sus trazos hubieran deformado cómicamente el rostro de Fidel tirando a guasa todo el desproceso, sacándole la lengua gráfica a los embanderillados del disparate, sacándole lasca a los disparatados proyectos económicos, a los “altos dirigentes”, a su forma de vida...
“Quizás” el dictador no hubiera aguantado la burla. Porque si algo es seguro en estos malcriados –además de cínicos, sanguinarios, crueles y torcidos que de vez en cuando y lamentablemente afloran en la historia de la Humanidad como recipientes que concentran en sí mismos todas nuestras desvirtudes para hacernos caer en lo más bajo en la escala de valores– es que no soportan que se rían de ellos porque poseen un ego superlativo, una carga de complejos develadores en sí mismos de gran inseguridad y ningún sentido del humor.
Pero saliendo del rincón oculto para enfrentarnos al mundo real y luchar en él, nos encontramos, en definitiva, con una verdad manifiesta: ya no es necesario desear que algún día “alguien” escriba la historia de Cuba de los más recientes lustros... La historia se ha estado escribiendo por muchos, entre ellos cada uno de estos caricaturistas –demostrando una vez más que los de aquí y los de allá somos un solo pueblo– por los participantes a este encuentro y por muchos otros, lo que nos llena de orgullo patrio y confianza en el presente y futuro.
Y poco a poco aflora la verdad, somos más libres, llega la luz, se queda entre nosotros... "y la verdad nos hará libres"
miércoles, 16 de mayo de 2012
110 Aniversario de la proclamación de la República de Cuba
El 110 aniversario de la proclamación de la república debe motivar nuestra meditación sobre la urgencia de fortalecer la conciencia ciudadana
Miriam Leiva, La Habana | 16/05/2012
La república fue proclamada el 20 de mayo de 1902, cuando descendió la bandera norteamericana, se izó la cubana, el gobernador militar Leonard Wood cesó la ocupación a favor del primer presidente, Don Tomas Estrada Palma, y la Constitución cargó el apéndice de la Enmienda Platt. Al cabo de 110 años, cabría preguntarse si alguna vez Cuba ha sido soberana e independiente.
Los acontecimientos resultaron traumáticos para los independentistas. Cuando las fuerzas del Ejército Mambí habían extendido victoriosamente las operaciones por todo el territorio del país, el 15 de febrero de 1898 explotó en la bahía de La Habana el acorazado USS Maine, ocasionando 260 muertos. Estados Unidos declaró la guerra a España y el 20 de junio desembarcó sus tropas en las cercanía de Santiago de Cuba, apoyado por las fuerzas insurrectas cubanas. Los españoles se rindieron el 16 de julio, pero los mambises no pudieron entrar en la ciudad y en diciembre se firmó el Tratado de París, con la ausencia de representantes cubanos, mediante el cual España entregó Cuba, Puerto Rico, Guam, Filipinas y otras posesiones. El 1 de enero de 1899, el general Brook se instaló en La Habana como gobernador militar.
Antecedió un proceso de desmontaje de las principales organizaciones que habrían podido contribuir al avance de la actividad política y cívica. El ejército libertador fue desmovilizado y Tomás Estrada Palma, sustituto de José Martí como delegado del Partido Revolucionario Cubano tras su muerte en combate el 19 de mayo de 1895, lo desactivó y dejó de publicar el periódico Patria. El 2 de marzo de 1901 el senado norteamericano aprobó la Enmiendo Platt a la ley del presupuesto del ejército, que vinculaba la retirada de Cuba al derecho de Estados Unidos de intervenir en sus asuntos internos, hasta con el envío de tropas, así como disponer de estaciones carboneras y navales, estableciéndose después la base en la Bahía de Guantánamo. A pesar del disgusto de la mayoría de los cubanos participantes en la convención constituyente de Cuba, aceptaron poner la Enmienda como apéndice a la Constitución para poder proclamar la república el 20 de mayo de 1902. (En 1934 se derogó producto de la fuerte presión popular interna y las nuevas políticas de la administración de Franklin Delano Roosevelt).
Durante los dos años de ocupación militar, los norteamericanos realizaron también obras de saneamiento, campañas de vacunación e instrucción, y construcción de algunos viales y acueductos. A partir de entonces se expandieron las empresas norteamericanas que compraron tierras e invirtieron en la industria azucarera, así como en la minería, los ferrocarriles, la manufactura y la banca, aunque el peso fundamental estuvo en el azúcar. Cuba fue mono-productora y tuvo fundamentalmente como mercado para sus exportaciones a Estados Unidos. Desde el punto desde vista político, Estados Unidos intervino en diversas etapas convulsas, incluso con tropas en 1906 debido a la Guerrita de Agosto, promovida por el Partido Liberal, ante las pretensiones de reelección de Estrada Palma; así como el envío de la comisión de paz del secretario de guerra William Taft y el establecimiento del gobierno provisional de Charles Magoon hasta 1909. También en 1921 el General Enoch Crowder se instaló en La Habana como representante del presidente y luego embajador.
Desafortunadamente, junto al desarrollo del pensamiento intelectual y social proliferaron los intereses políticos y económicos, con la corrupción y el clientelismo de personalidades que habían participado destacadamente en lucha independentista. Entre los muchos casos notables estuvo el General Gerardo Machado, quien convirtió su mandato como presidente (1925-1933) en una dictadura feroz, derrocada por la movilización popular. Siguió una gran inestabilidad en el gobierno provisional, lo que propició el golpe de estado del 4 de septiembre, cuando surgió el sargento Fulgencio Batista. Tras el gobierno progresista de los 100 días encabezado por el Dr. Grau San Martín, de facto Batista se convirtió en el hombre fuerte entre 1934-1940, cuando ganó las elecciones a la presidencia. En 1935 se adoptó la ley para formar la Asamblea Constituyente, y en 1939 se aprobó un nuevo Código Electoral, por el cual se eligieron sus miembros.
Ese proceso y la promulgación de la Constitución de 1940, documento realmente avanzado para la época —si bien posteriormente no se elaboraron las leyes complementarias—, crearon bases adecuadas para avanzar en el proceso democrático. Se había sobrepasado la grave crisis económica que sumió a los cubanos en la gran pobreza del “machadato” y se gozó de años de relativa prosperidad gracias al incremento de las ventas y el precio del azúcar durante y después de la Segunda Guerra Mundial. En 1944 llegó a la presidencia Ramón Grau San Martin, profundizándose la lucha sindical y política, con el ascenso de nuevas personalidades, entre las cuales estaba Eduardo Chibás, líder del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo). En 1948 fue electo presidente Carlos Prío Socarrás, que enfrentó grandes protestas populares debido al aumento de los precios del transporte y productos básicos, el latrocinio, la corrupción administrativa y la violencia. Eduardo Chibás emprendió una cruzada de denuncias y afianzó el apoyo de la población a su candidatura presidencial para 1952, pero se suicidó en agosto de 1951. Batista, entonces senador, preparó su aspiración por el Partido Acción Unitaria (PAU), aunque era evidente que no podría triunfar.
El 10 de marzo de 1952 con su golpe de estado, Batista aniquiló definitivamente las posibilidades de consolidación democrática y soberana de Cuba. Desde hace 60 años, nuestro pueblo vive bajo los mandos totalitarios; el poder absoluto de una personalidad y su grupo. Las diferencias han respondido a las características de las épocas. La madrugada del 1 de enero de 1959, el general Batista huyó a República Dominicana como resultado de la lucha armada en las montañas de la Sierra Maestra y Escambray, y en menor medida en otras zonas de la Isla, apoyadas por las acciones clandestinas en ciudades y poblados. Fidel Castro contó con un extraordinario apoyo de los cubanos, que confiaron en sus promesas de crear amplias posibilidades para todos y un futuro próspero. Sin embargo, las expropiaciones extremas y la represión a cualquier idea diversa bajo acusación de ser contrarrevolucionario, coartaron la libertad de los cubanos, dividieron la sociedad y convirtieron Cuba en un país de cárceles y emigrados.
La política de Estados Unidos, que incluyó el apoyo armado a opositores para actividades de sabotajes y focos en las montañas, la invasión por Bahía de Cochinos o Playa Girón en 1961, y el mantenimiento de un embargo económico, fue hábilmente utilizada por las autoridades de la Isla para crear un ambiente de fortaleza sitiada, y aprovechar la confrontación de las superpotencias en el marco de la Guerra Fría, a fin de recibir el respaldo militar y, sobre todo, las subvenciones de la Unión Soviética y sus aliados. De la subordinación política y económica a Estados Unidos se pasó a la dependencia respecto a los países del autoproclamado socialismo real.
La historia de los últimos 20 años es bastante conocida. Con la desintegración del campo socialistas soviético, se fue a bolina la utopía, y el totalitarismo isleño ha sobrevivido por las transfusiones de petrodólares de Venezuela. Mientras sigue el embargo norteamericano, Estados Unidos es uno de los principales socios comerciales de bienes de Cuba; los vínculos culturales, científicos, académicos, deportivos y otros se han fortalecido y el presidente Obama goza de mucha simpatía, versus un socialismo del siglo XXI en el que pocos cubanos creen. El vecino del norte ha acogido y brindado oportunidades a los cubanos, que junto a sus descendientes ya son 1, 8 millón, los cuales con sus conocimientos, experiencias e inversiones podrían contribuir a sacar a Cuba de la gran crisis económica, política y social imperante. Asimismo, existen muchas esferas en que la colaboración con los norteamericanos, sobre la base de respeto y ventajas mutuas, podría ser beneficiosa.
El 110 aniversario de la proclamación de la república debe motivar nuestra meditación sobre la urgencia de fortalecer la conciencia ciudadana, para que una sociedad civil fuerte, inclusiva de todos, reconstruya Cuba con el propósito de ser por primera vez realmente libres, soberanos e independientes.
© cubaencuentro.com
martes, 15 de mayo de 2012
Diáspora y destierro
Por: Juan Antonio Blanco
Agradezco la contribución hecha por Alejandro Armengol al actual debate sobre el concepto que mejor identifica a la masa de cubanos que hoy vive en el exterior. Sin duda este es un tema central y a menudo mal tratado que genera continuos debates que a veces hacen olvidar hacia dónde hay que dirigir las pasiones que levanta. Voy a permitirme, apenas a título complementario, agregar algo a lo ya dicho por el autor en su artículo Diáspora y exilio.Los conceptos no son estáticos, sino evolucionan según el uso que se les da, y con ello cambian también quienes los abrazan o desechan.
El termino de diáspora efectivamente fue empleado en su origen para calificar la dispersión masiva que supuso el éxodo judío para escapar a sus opresores (cruzar el Mar Rojo para escapar la esclavitud en Egipto era en aquel tiempo una opción desesperada, como lo fue después escapar de Europa ante el avance nazi). También fue usado el concepto para describir otras circunstancias en las que la opción personal no jugaba un papel en el desplazamiento físico, como fue la captura y exportación forzada y masiva de africanos como esclavos a las Américas.
Pero en 1986 Gabriel Sheffer publicó su libro Un nuevo campo de estudios: las diásporas modernas en las relaciones políticas internacionales y desde entonces el término se emplea para calificar a grupos étnicos de origen migrante que residen y actúan en sus países de acogida, pero mantienen fuertes lazos sentimentales y materiales con sus países de origen. Visto desde esa perspectiva, hoy predominante en la literatura académica sobre migraciones, el concepto se ajusta mejor para describir la actual realidad de una masa significativa de cubanos que por muy diversas razones se marchan de su país pero mantienen fluidas relaciones con la Isla.
Todos los cubanos que migran —o sea, que se desplazan físicamente de un país a otro— son emigrados. Migrar es un concepto que describe un desplazamiento en espacio y no alude a la motivación detrás de ese acto. Hay infinitas razones para migrar. Las causas que motivan ese desplazamiento y el status legal que usan para ser acogidos en el nuevo país es el que decide si son exiliados (personas que por razones de conciencia deciden irse de Cuba) y de entre ellos si son asilados o refugiados (si temerosos de ser devueltos a Cuba solicitaron el asilo como refugio político). La contraposición entre los conceptos exilio y emigración es propia de debates ideológicos, pero no se aviene al contenido real de esas categorías, las cuales no son contradictorias y pueden resultar complementarias según el caso. El debate sobre ese punto terminológico se ha politizado porque unos y otros desean reflejar que la inmensa mayoría o totalidad de esa masa de migrantes lo hace por razones políticas o económicas. Ese es un debate válido y necesario, pero que no invalida el hecho de que migrantes son todos.
Tiene razón Armengol cuando recuerda que La Habana, en su ignorancia habitual, usó en algún momento el término de diáspora, para evitar emplear el de exilio, sin percatarse de que el origen de ese concepto estaba vinculado a masas de personas que escapaban de la opresión (judíos) o eran forzados a salir de su territorio (africanos). Al parecer alguien les llamó la atención porque ahora critican y sospechan de todos aquellos que usamos ese concepto e insisten en que solamente se hable de comunidad cubana en el exterior que es el único políticamente correcto a su entender.
Los que hoy usamos el concepto de diáspora para referirnos a los cubanos lo hacemos precisando que al interior de esa masa de personas hay una zona significativa de exiliados, o sea de personas que han emigrado por razones de conciencia. Entre ellos muchos se acogieron al asilo y refugio políticos en otros países para asegurarse de no ser devueltos y poder legalizar su status si arribaron sin visa. También hay personas —estén conscientes o no de ello— que salieron forzados por el creciente deterioro de la vida cotidiana generado por un régimen de gobernabilidad que bloquea su creatividad y proyectos de vida. Al no ver con claridad esa conexión se consideran a sí mismas emigrados económicos, pero es debatible si en realidad pueden ser considerados como tales por el simple hecho de que no tengan conciencia de la conexión que existe entre el sistema político y económico con la miseria de la que intentaban escapar.
Lo curioso es que, sea cual sea el motivo de su partida de Cuba, el grado de conciencia que tengan sobre la relación entre las causas políticas y las económicas que los empujaron a salir, el país que eligieran para asentarse, el status legal con el que entraron al nuevo país (en el caso de EEUU pudiera ser un emigrado beneficiado con las 20.000 visas anuales de migrantes, haberse acogido al ajuste cubano o haber solicitado asilo político), la aplastante mayoría de esa diáspora es de hecho desterrada según las leyes cubanas vigentes. Son desterrados que no pueden regresar a asentarse al país donde nacieron y requieren de autorización para visitarlo, la cual puede ser negada en cualquier momento y sin que medie explicación alguna.
En conclusión: las actuales leyes migratorias cubanas son ante todo leyes de destierro para aquellos que optan por asentarse en EEUU u otro país. Los permisos de residencia en el exterior son —por muchas que sean las personas que hoy ya lo reciban— otorgados a discreción del Estado y junto a los permisos de entrada son dádivas gubernamentales para incentivar el comportamiento apolítico y acrítico de los emigrados.
Este y no otro debería ser hoy el centro del debate.
Para quienes anden en busca de un concepto que resulte ampliamente aglutinador y albergue dudas sobre aquellos términos que usualmente se manejan —diáspora, exilio, emigración, comunidad en el exterior o cualquier otro— el de destierro podría resultarles bastante abarcador. El destierro es una condición que se aplica por igual a todos los cubanos, por muy simpatizantes que sean del Gobierno en la Isla, porque la llamada habilitación del pasaporte no es sino un salvoconducto revocable para visitar el país en que se nació.
Exigir el fin de las leyes de destierro es el meollo de la cuestión que distingue a los abolicionistas que exigimos su fin —con la aplicación de los artículos 9 y del 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos— de los reformistas que promueven una legislación más flexible con diezmos más baratos.
domingo, 13 de mayo de 2012
Feliz Día de las Madres
A todas las mujeres del mundo, a todas aquellas que viven en libertad y a las que padecen día a día bajo regímenes dictatoriales o por leyes que las denigran y discriminan.
Una felicitación especial a las Damas de Blanco, ejemplo de persistencia y valor en su lucha pacífica a favor de la liberación de los presos políticos en Cuba.
A todas, ¡FELIZ DIA DE LAS MADRES!
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