Declaramos que la libertad de expresión, el flujo amplio y tolerante de ideas y el uso libre de los medios y expresiones de la comunicación social y la cultura de todos los ciudadanos es un derecho inalienable que pertenece a todos por igual.

domingo, 6 de mayo de 2012

REORDENAMIENTO LABORAL SIN TRANSPARENCIA




Por Oscar Espinosa Chepe

LA HABANA, Cuba, www.cubanet.org –

A casi dos años del anuncio del comienzo de un reordenamiento laboral, y del pronunciamiento a su favor de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), donde se comunicó que un millón trecientas mil de personas, alrededor del 25% de los ocupados, serían reubicados fundamentalmente en el sector no estatal, poco se conoce sobre cómo marcha este proceso para reducir las plantillas infladas en los centros estatales y poder reorganizarlos. Una condición indispensable para elevar la menguada productividad del trabajo y el depreciado salario real.

Según las previsiones iniciales, desde septiembre de 2010 hasta abril de 2011 debieron reubicarse 500 000 trabajadores del sector estatal, lo cual no se cumplió, sin que hasta el momento se conozca oficialmente cuantos en realidad fueron desplazados en 2011 y en cuales ramas de la economía; cifras extraoficiales estiman en 140 000 el número de los desplazados. Para 2012 se supone que el desempleo afecte a 170 000, pero sigue sin saberse en que sectores. Las razones de la ralentización del reordenamiento están en que el desenvolvimiento del trabajo por cuenta propia y la entrega de tierras en usufructo no han marchado de la forma requerida para crear puestos de trabajo para los desplazados del sector estatal.

Las causas fundamentales son los elevados impuestos aplicados a la contratación de fuerza de trabajo por los cuentapropistas en la medida en que se incremente la cantidad de trabajadores, la poca diversidad e importancia de los negocios permitidos, no existir un mercado mayorista y la incertidumbre ante las veleidades de un gobierno que prosigue proclamándose marxista-leninista con las consiguientes implicaciones ideológicas sobre la propiedad privada que de ello se deriva. Igual ocurre con la entrega de tierras en usufructo a plazos de 10 años de tenencia, renovable a otros 10, con carencia de recursos mínimos para trabajar, limitaciones para comercializar las producciones en el mercado, y una carga de reglamentaciones burocráticas que en conjunto no dan seguridad a los agricultores sobre el futuro.

A la falta de transparencia también se unen las características del proceso para realizar los despidos en los centros de trabajo, que hasta preocupa a comentaristas económicos de la televisión, como Ariel Terrero, según han manifestado en sus programas. La racionalización se realiza por “comisiones de expertos”, compuestas por 5-7 personas, de las cuales 3-5 son elegidas “democráticamente” en asambleas de los centros de trabajo, con el evidente propósito de responsabilizar a los trabajadores con el complicado proceso de racionalizar la fuerza de trabajo, cuando se trata de una tarea compleja y requiere conocimientos técnicos. La comisión siempre está integrada por un delegado representante de la administración y otro del amaestrado sindicado, para hacer una selección supuestamente sobre la base de la “idoneidad demostrada”, para ser presentada a la dirección de la empresa o unidad presupuestada, donde será tomada la decisión definitiva. A nadie escapa lo que eso significa en Cuba, y el peligro latente de que el clientelismo político tenga un papel muy importante en la selección de las personas a reubicar.

Reconocidos expertos, que desempeñaron cargos oficiales importantes durante muchos años, han expresado preocupaciones sobre este esquema masivo de despido, cuando no se basa en un estudio técnico de organización del trabajo. Es el caso del Dr. Lázaro González Rodríguez, exviceministro del Trabajo, quien en octubre 2010 publicó en un blog lo siguiente: “El 90% de las normas de trabajo (en Cuba) son elementales. Las empresas y demás entidades, en su inmensa mayoría, no han realizado durante los últimos años estudios de organización del trabajo y, por tanto, cualquier balance de cargas y capacidades es erróneo…Durante los últimos 20 años no se han preparado técnicos en organización del trabajo ni se le ha prestado atención a esta disciplina”.

Indudablemente motivos no le faltan al analista Ariel Terrero para dudar sobre la transparencia con que se está ejecutando el proceso de reordenamiento laboral.

¿Gusta café?



Haroldo Dilla Alfonso
Santo Domingo


No existe la menor intención del Gobierno cubano de ver a los emigrados como ciudadanos con derechos, afirma el autor de este artículo


CAFE es el título de una nueva organización cubano-americana. Significa Cuban/Americans for Engagement, un promisorio nombre que parece indicar la voluntad de sus sostenedores para involucrarse en la gestión de acciones y políticas a favor de la comunidad cubana residente en Estados Unidos.
No conozco muchos detalles de sus propósitos, ni de cómo se organiza. De una foto en familia junto a un representante legislativo, se habla de 9 personas, regularmente en sus cuartas décadas de vida, profesionales, todos blancos, mujeres y hombres. Algunos de ellos son miembros de familias de la élite insular —política, económica o cultural—, otros han sido comensales predilectos de las actividades de la Oficina de Intereses de Cuba en Washington y otros poseen status migratorios lo suficientemente flexibles como para poder viajar frecuentemente a Cuba y retornar a Estados Unidos sin contratiempos. Algunas de estas personas han sido contribuyentes de periódicos digitales donde se han expresado sobre diversos temas y en ocasiones han abogado a favor de un apoyo crítico a la “actualización” del General/Presidente, donde, recalco, lo sustantivo es el apoyo mientas que la crítica es un addendum adjetivo. Entre estos periódicos se encuentra Cubadebate, el órgano digital del departamento ideológico del Partido Comunista de Cuba.
CAFE emerge en momentos en que el Gobierno cubano ha declarado que hará una reforma migratoria y en que intenta reformular sus relaciones con la comunidad cubana emigrada. Como he anotado en otros lugares, ello está dirigido a mejorar la imagen externa del régimen político, a ganar apoyos económicos de los emigrados (remesas e inversiones) para una “actualización” que hace agua por muchos lugares y articular un lobby anti embargo/bloqueo que al menos logre levantar la prohibición a los americanos de viajar a Cuba, un recurso indispensable para el despegue del turismo. No creo que exista la menor intención del Gobierno cubano de ver a los emigrados como ciudadanos con derechos. Solo los ve utilitariamente, como remesadores, pagadores de servicios y probablemente inversionistas.
No sé cuáles son las intenciones más íntimas de los sostenedores de CAFE, que por el momento no parecen ser muchos, pero creo que la aparición de esta organización no puede ser sustraída de ese contexto: a él, al menos en primera instancia, se debe. Y si es así, creo que CAFE ha venido a ser parte del problema y no de la solución, sencillamente porque está andando un campo minado con la alegría inepta de un cachorro de elefante.
El comunicado de CAFE inicia su exposición argumental relatando una visita a la oficina de un senador cubano-americano vinculado al Tea Party, y al que dejaron claro que no lo asumían como representación política. Por lo que la visita debe entenderse como una forma de explicar a la opinión pública que serán otros congresistas no cubano-americanos los medios que CAFE utilizará para hacer lobby. Luego visitaron al Departamento de Estado donde instaron al funcionario que los atendió a adoptar “una concepción más amplia de los contactos pueblo a pueblo” y evitar concepciones estrechas que ligan estas estrategias a la subversión política. Todo lo cual significa un espaldarazo a las políticas de Obama en un tema que obviamente sobrepasa las relaciones específicas entre las comunidades cubanas a ambos lados del canal de la Florida.
En lo personal estoy de acuerdo con todo esto, y con el rechazo a la Ley Helms Burton. Diría que fue un tour político nada novedoso, pero saludable. Sencillamente no objetable. Los problemas comienzan en el otro lado de la gestión, cuando los integrantes de CAFE visitaron la Oficina de Intereses de Cuba en Washington.
Con absoluta transparencia detallan cuatro puntos tratados con el funcionario que aquí les atendió. Y quien, imagino, debió haber tenido la entrevista más cómoda de toda su carrera, más placentera que los bembés de La Colmenita. Pues en verdad lo que los visitantes le dijeron es lo que todo funcionario cubano siempre quiere oír. Y todo ello a pesar de que el principal obstáculo para una relación saludable entre las comunidades cubanas dentro y fuera de la Isla, es la política antinacional, excluyente y discriminatoria del Gobierno cubano.
Veamos los cuatro planteamientos según CAFÉ:
1. una apertura del Gobierno cubano a las inversiones de cubano-americanos en los sectores de pequeña y mediana propiedad. Totalmente música celestial, a lo que al final se puede decir que si no se hace es por culpa del embargo.
2. La eliminación de las restricciones de viaje a la Isla impuestas a grupos sociales específicos, entre ellos los balseros, y médicos que han abandonado misiones en el exterior. Parcialmente música celestial: lo de los médicos quedaría para una meditación más profunda en el futuro.
3) El precio excesivo de trámites de pasaporte, permiso de salida y viajes que encarecen abusivamente la posibilidad de una relación más activa entre la comunidad cubana en el exterior y la Isla. Más música celestial. Obsérvese que ni siquiera se objeta el permiso de salida, por lo que según CAFE los cubanos deben pagar menos por la violación de su derecho al libre tránsito.
4. Un llamado a la eliminación de los prejuicios existentes hacia los cubano-americanos que dificultan una relación mas activa entre éstos y las instituciones de la Isla, en áreas como el intercambio académico, educacional y cultural. Todo un concierto de música celestial.
Lo planteado por CAFE, cualquiera que sea la buena motivación de sus sostenedores, está a muchas leguas de distancia de todo lo que es importante en este campo. Lo está de los problemas reales que exigen una solución integral inseparable del reconocimiento de plenos derechos de tránsito a los cubanos de todos los lados. Lo está de los documentos diagnósticos más avanzados emitidos por instituciones, un ejemplo de lo cual es el contundente informe “La diáspora cubana en el siglo XXI” del CRI-FIU. Y lo que pudiera ser aún más paradójico, lo está posiblemente de las propias decisiones del Gobierno cubano en su intento lampedusiano para cambiar algunas normas migratorias.
Creo que, al margen de enfoques políticos particulares, nada es plausible en la relación del Gobierno cubano con la emigración si no aborda la cuestión clave de los principios de ciudadanía que establecen el derecho de todo cubano a viajar libremente y a regresar a su país de nacimiento, al menos que haga renuncia expresa a la nacionalidad cubana. Es un tema denso y lleno de resentimientos de ambas partes y por eso creo aceptable la idea de un cronograma explícito que produzca una reconstrucción gradual ciudadana en este campo, pero dejando claro para todos las metas, los plazos y los compromisos.
No es ni política, ni moralmente aceptable confundir nuestros derechos ciudadanos con la rebaja de aranceles o con la posibilidad de un empresario de invertir en la economía cubana. Admitir, siquiera por omisión, que el Gobierno cubano usa el tema migratorio como un mecanismo de control político; y que desde él reparte castigos muy dolorosos y recompensas mezquinas, es francamente imperdonable.
Creo que los sostenedores de CAFE se han colocado de la peor manera en un tema muy complicado. Vale la pena que mediten sobre el futuro complejo de un gran espacio transnacional (no es de otra manera) que se llama sociedad cubana.
Realmente lo necesitamos.

© cubaencuentro.com

lunes, 30 de abril de 2012

Carta abierta del Observatorio Cubano de Derechos Humanos a la Conferencia de Obispos Católicos


El amor todo lo espera… de ustedes también

Carta abierta del Observatorio Cubano de Derechos Humanos a la Conferencia de Obispos Católicos en el 400 aniversario de la Patrona de Cuba

Queridos obispos cubanos, a ustedes y a los miles de sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y laicos católicos, dirigimos este mensaje, en este Cuatrocientos Aniversario de la aparición de la imagen de la Santa Patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad:
La sociedad y la Iglesia Católica cubana viven un momento de definiciones cruciales en su relación centenaria. Ante ambas se abren caminos que pueden recorrerse juntos, o bifurcarse si cualquiera de las dos extravía el rumbo.
Las claves para tomar el mejor sendero siguen siendo las contenidas en el mensaje “El amor todo lo espera” que emitieran Uds. mismos en septiembre de 1993. Aquel histórico documento, que mantiene plena vigencia a casi dos décadas de haberse hecho público, se expresaba en términos que parecen retratar lo que hoy todavía vivimos:
La gravedad de la situación económica de Cuba tiene también implicaciones políticas, pues lo político y lo económico están en estrecha relación.
Nos parece que, en la vida del país junto a ciertos cambios económicos que comienzan a ponerse en práctica, deberían erradicarse algunas políticas irritantes, lo cual produciría un alivio indiscutible y una fuente de esperanza en el alma nacional:
1. El carácter excluyente y omnipresente de la ideología oficial, que conlleva la identificación de términos que no pueden ser unívocos, tales como: Patria y socialismo, Estado y Gobierno, autoridad y poder, legalidad y moralidad, cubano y revolucionario. Este papel, centralista y abarcador de la ideología produce una sensación de cansancio ante las repetidas orientaciones y consignas.
2. Las limitaciones impuestas, no sólo al ejercicio de ciertas libertades, lo cual podría ser admisible coyunturalmente, sino a la libertad misma. Un cambio sustancial de esta actitud garantizaría, entre otras cosas, la administración de una justicia independiente lo cual nos encaminaría, sobre bases estables, hacia la consolidación de un estado de pleno derecho.
3. El excesivo control de los Órganos de Seguridad del Estado que llega a veces, incluso, hasta la vida estrictamente privada de las personas. Así se explica ese miedo que no se sabe bien a qué cosa es, pero se siente, como inducido bajo un velo de inasibilidad.
4. El alto número de prisioneros por acciones que podrían despenalizarse unas y reconsiderarse otras, de modo que se pusiera en libertad a muchos que cumplen condenas por motivos económicos, políticos u otros similares.
5. La discriminación por razón de ideas filosóficas, políticas o de credo religioso, cuya efectiva eliminación favorecería la participación de todos los cubanos sin distinción en la vida del país.
Y como lo expresó nuestro Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC): “La Iglesia Católica en Cuba ha hecho una clara opción por la seriedad y la serenidad en el tratamiento de las cuestiones, por el diálogo directo y franco con las autoridades de la nación, por el no empleo de las declaraciones que puedan servir a la propaganda en uno u otro sentido y por mantener una doble y exigente fidelidad: a la Iglesia y a la Patria. A esto se debe, en parte, el silencio, que ciertamente no ha sido total, de la Iglesia, tanto en Cuba como de cara al Continente, en estos últimos 25 años. Los Obispos de Cuba, conscientes de vivir una etapa histórica de singular trascendencia, han ejercido su sagrado magisterio con el tacto y la delicadeza que requería la situación” (Nos. 129 y 168b), pero un sano realismo implica la aceptación de dejarnos interpelar a nosotros mismos, lo cual puede no gustar, pero puede, también, llevarnos a las raíces de los problemas a fin de aliviar la situación de nuestro pueblo.
Queridos obispos cubanos:
Fueron ustedes los que acertadamente nos recordaron que el camino a seguir era el diálogo entre cubanos y definieron con claridad el tipo de interlocución que se requería cuando afirmaron:
Un diálogo con interlocutores responsables y libres y no con quienes antes de hablar ya sabemos lo que van a decir y, antes de que uno termine, ya tienen elaborada la respuesta, de los que uno a veces sospecha que piensan igual que nosotros, pero no son sinceros o no se sienten autorizados para serio.
Después de casi seis años de haber sido sustituido por enfermedad el que fuera jefe del Estado por casi cuarenta y siete años, las expectativas de reformas estructurales y de concepto que fueron prometidas, distan mucho de estar a la altura de la crisis que enfrenta hoy la sociedad. Ésta —y al parecer la propia Iglesia— se escinde entre aquellos que creen que todo llegará a su hora, fruto de la paciencia, y los que, agobiados por la creciente pobreza y la permanente falta de libertades básicas, han emprendido el camino de la protesta e incluso de la resistencia. A este grupo no se le ha respondido con un diálogo respetuoso, no se han escuchado sus inquietudes y propuestas, sino que se le ha acallado con una creciente ola de represalias policiales. Sin embargo, como ustedes bien proclamaron en 1993: Con la fuerza se puede ganar a un adversario, pero se pierde un amigo, y es mejor un amigo al lado que un adversario en el suelo.
La ausencia hoy de un diálogo nacional abierto, incluyente y sin otra cortapisa que la civilidad, nos arrastra al abismo de un nuevo ciclo de exclusión, de violencia nacional como opción desesperada para imponer un futuro que ya vendría nuevamente marcado por el odio. Como ustedes sabiamente indicaron el odio no es una fuerza constructiva.
Es sabido que al diálogo siempre se opondrán los que se benefician del actual estado de cosas. Ustedes lo dijeron valientemente hace casi dos décadas:
Sabemos bien que no faltan, dentro y fuera de Cuba, quienes se niegan al diálogo porque el resentimiento acumulado es muy grande o por no ceder en el orgullo de sus posiciones o, también, porque son usufructuarios de esta situación nuestra, pero pensamos que rechazar el diálogo es perder el derecho a expresar la propia opinión y aceptar el diálogo es una posibilidad de contribuir a la comprensión entre todos los cubanos para construir un futuro digno y pacífico.
Pero en 1993 ustedes dijeron mucho más:
Hacemos un apremiante llamado a nuestro pueblo para que no sucumba a la peligrosa tentación de la violencia que podría generar males mayores. Y agregaron con prístina clarividencia:
Pero es necesario también que nos preguntemos serenamente en qué medida la intolerancia, la vigilancia habitual, la represión, van acumulando una reserva de sentimientos de agresividad en el ánimo de mucha gente, dispuesta a saltar al menor estímulo exterior. Con más medidas punitivas no se va a lograr otra cosa que aumentar el número de los transgresores, esto lo saben muy bien los padres de familia. Es muy discutible el valor del castigo para humanizar, sobre todo cuando este rigor se ejerce en el ámbito de la simple expresión de las convicciones políticas de los ciudadanos. Queremos, pues, dirigir también un insistente llamado a todas las instancias del orden público para que no cedan tampoco ellos a los falsos reclamos de la violencia.
¿Cuál fue entonces el punto, queridos obispos, en que algunos líderes y voceros de la jerarquía católica extraviaron el sendero? ¿Cómo pudo ocurrir que cargados de las mejores intenciones esas figuras cimeras de la Iglesia asuman en la actualidad una lógica y retórica complacientes que los aleja cada vez más de la prédica de Cristo y de ese llamado a nuestra conciencias que hicieran todos ustedes en 1993? ¿Cuándo decidió la Conferencia de Obispos autorizar al Cardenal, hablando y actuando prácticamente en nombre de toda la Iglesia, a tomar distancia de la prédica en favor del diálogo respetuoso e incluyente y asumir la retórica del poder, siempre pletórica de descalificaciones de todo tipo? ¿Pueden acaso esperar que la sociedad cubana siga sus consejos y pautas cuando ustedes no ejercen la corrección fraterna con quienes se alejan de ellos entre ustedes mismos?
La lógica de pactar la cooperación con un poder abusivo con la intención de contener sus desmanes y conducirlo al buen camino puede ser, seguramente está bien intencionada, y sin duda puede permitir que se alcancen concesiones beneficiosas. Pero compromete —por razones de principio y por su limitado perspectiva— el testimonio de dignidad y credibilidad de una institución cuya lógica no puede ser política, sino la del amor. La Iglesia no puede permitirse el lujo de hacer pactos —de jure o de facto— que, guiados por una lógica de intereses o de poder, se realicen a expensas de su compromiso con la lógica del amor.
Nadie niega, y a todos nos regocijan, los avances obtenidos en la aceptación del papel social de la iglesia, frente a la exclusión por motivos religiosos, desde que se diera a conocer “El amor todo lo espera” hasta nuestros días. Ninguno fue una dádiva, todos son avances justos —aunque todavía distan de estar a la altura plena de las circunstancias—, y a ellos contribuyeron en no poca medida la visita del Papa Juan Pablo II, en 1998, y la más reciente de Benedicto XVI. Pero de nada valdrían esos pasos, u otros que pudieran darse, si el precio a pagar fuese el extravío de la misión esencial cristiana. Si se ha avanzado en el derecho a la libertad religiosa por no exclusión de los que tienen dichas creencias, en la nación se ha recrudecido la represión y exclusión de aquellos que no profesan la ideología oficial y se expresan frente a los abusos de un poder que no se somete a un estado de derecho ni permite libertades básicas de conciencia, expresión, reunión y asociación. Errado es el camino de intentar preservar lo logrado a favor de un grupo de víctimas, si el precio es la complicidad ante los abusos que se imponen a otras.
Las declaraciones del Cardenal Jaime Ortega Alamino en su presentación en la Universidad de Harvard han sido deplorables. Su doble mención, discriminatoria una, de infidencia la otra, fue éticamente inaceptable y carente de prudencia. En efecto, Mons. Agustín Román ya no está entre nosotros para aclarar o rechazar sus afirmaciones; y su juicio sobre la pretendida condición psíquica, jurídica y moral de compatriotas que ocuparon pacíficamente una iglesia en señal de protesta y fueron desalojados, si no con violencia dentro del templo, sí con recurso a la fuerza del brazo secular, fue cuando menos, temerario, improcedente. Cualquiera puede tener un mejor o peor momento al expresar una idea, pero el contenido, tono y actitud del Cardenal en esta ocasión ha develado cuánto se puede haber alejado de la lógica del mensaje medular que en 1993 emitiera la Conferencia de Obispos Católicos. Ha dejado injustamente mal parada a la institución que le corresponde representar, y a obispos, curas, monjas y laicos que de forma silente y abnegada han servido al pueblo todos estos años y han intentado protegerlo frente a abusos muy diversos a riesgo de no pocos peligros personales.
Los que suscribimos esta carta queremos, no obstante, llamar a la cordura a quienes hoy pudieran ceder a la tentación de dejarse arrastrar por el legitimo sentimiento de profundo agravio que las palabras del Cardenal Ortega han provocado. Él tendrá que responder ante Dios por sus actos y palabras. Pero con serena firmeza esperamos de los obispos, sacerdotes, religioso(a)s, laicos cubanos, y de las autoridades del Vaticano, que den muestras de renovado discernimiento, que ponga definitivamente coto a este tipo de manifestaciones y aseguren que la Iglesia Católica Cubana sea consecuente con el compromiso que hizo, según sus propias palabras no por casualidad, en septiembre de 1993. El Cuatrocientos Aniversario de la aparición de la imagen de la Virgen de la Caridad está llamado a recordarse como el año de la consolidación del compromiso eclesial con su pueblo, sobre la base de las prédicas de Cristo y no como un dato estadístico significativo en la asistencia a procesiones.
No hay mejores palabras para cerrar este urgente mensaje que las empleadas por ustedes mismos en el de 1993:
Hemos pedido al Señor dirigir este mensaje en su lenguaje de amor, sin lastimar a ninguna persona, aunque cuestionemos sus ideas en diversos aspectos, porque de lo contrario Dios no bendeciría el humilde servicio que queremos prestar a cuantos libremente quieran servirse de él.
Al igual que en 1993 la Iglesia supo descifrar las angustias de la sociedad cubana, deseamos y esperamos que hoy preste oídos a este reclamo… antes de que sea demasiado tarde.
Observatorio Cubano de Derechos Humanos

viernes, 13 de abril de 2012

Carta abierta a Camilla Vallejo





 Camila:
Usted es portavoz de un grupo grande de personas que confían en su integridad y tiene con ellos una enorme responsabilidad, el de haber contraído un compromiso con la verdad y la transparencia. En nombre de esos jóvenes que representa y ya que usted sí goza del privilegio de expresar su opinión libremente, le suplico que se informe con objetividad.
Los coches lanza agua, los gases lacrimógenos y demás maquinaria represiva a las que usted está acostumbrada, no son la única forma de represión que existe. En Cuba se aplican otros métodos, en gran medida porque no va dirigida a una muchedumbre que se manifiesta en plena calle y que además responde con violencia, quizás justificada, ante la agresión. Aquí la represión va dirigida principalmente a grupos defensores de los derechos humanos, periodistas independientes, activistas políticos, blogueros, artistas e intelectuales, todas personas de ideas, de ideas incómodas para el sistema, pero de ideas. Personas pacíficas que, hasta la fecha, no han realizado ningún acto público que se asemeje a lo que usted ha experimentado, entre otras cosas, porque no tienen ese derecho. Y es ese, el acto de manifestarse a plenitud en las calles, el mayor temor que mueve al sistema represivo en mi país. Estas personas de las que le hablo son acusadas, en su mayoría, de servir a los intereses de los Estados Unidos. Constituye este el gran argumento acusatorio que esgrime nuestro gobierno y de esa manera se atribuye el derecho de, y le ruego  no se  aburra: intervenir los teléfonos, escuchar llamadas y suspender el servicio de móviles y líneas privadas a su antojo; perseguir hasta la demencia, con agentes uniformados y vestidos de civil, todos los movimientos de su vida privada y pública; intervenir el correo electrónico, regular todo contacto con extranjeros dentro y fuera de Cuba; detener a menudo a la fuerza, encerrar sin acusación por días enteros, en muchos casos sin informar a los familiares; coordinar y alentar turbas civiles para agredir, física y verbalmente a personas violando los más elementales derechos humanos. Así funciona la represión en Cuba.
Todas estas medidas fueron aplicadas en un día, aproximadamente a unas 300 personas durante la visita del Papa Benedicto XVI, acusadas de agitación sin ninguna evidencia. Lo sé de primera mano porque fui uno más de los secuestrados por las autoridades, que desde hace un tiempo atrás me vienen aplicando este tipo de acoso enfermizo. Soy cineasta y mi único delito ha sido ser radicalmente honesto en mis principios y criterios e intentar realizar un documental sobre el grupo de punk contestatario Porno para Ricardo. Eso ha sido suficiente crimen para que se me persiga y se me hostigue hasta el punto del secuestro, y recibir amenazas de privación de libertad por parte de oficiales de la Seguridad del Estado durante mi detención. Como era de esperarse, también fui acusado de actuar en nombre de los intereses de los Estados Unidos, cosa que reto públicamente a demostrar.
 Le recuerdo que la organización de jóvenes comunistas de Cuba, por la que usted ha sido invitada a nuestro país, no es una organización independiente como la suya. Al contrario, es una organización creada por el gobierno cubano para representar sus intereses y también, como es de esperarse, las organizaciones estudiantiles comunistas, son las únicas que tiene permiso para existir en Cuba. Así mismo ocurre con todas las organizaciones sociales que gozan el reconocimiento del Estado, sean obreras, campesinas, tanto intelectuales y culturales como regionales y comunitarias, todas creadas por el Partido Comunista y todas de carácter excluyente. Cuando escucha en sus debates, sus opiniones y visiones, críticas sobre nuestra realidad, en verdad está escuchando la opinión del Partido Comunista, opiniones y críticas permitidas y complacientes. Si quiere objetividad, ahí no la va a encontrar.
Espero que comparta la sospecha conmigo de lo extraño que resulta que en toda Cuba no exista un solo movimiento popular que discrepe, aunque sea en un par de aspectos, abiertamente  del gobierno. Ni un grupo estudiantil, de trabajadores de ningún sector de la economía, ni de intelectuales y artistas. De campesinos y obreros, representantes de comunidades, líderes  religiosos. De madres indignadas, despedidos en masa, pensionados miserables, ni siquiera de clientes insatisfechos. No ha existido un solo grupo con reclamos auténticos en 53 años de proceso “revolucionario”, cero manifestaciones legítimas en más de medio siglo, y casi ninguna persona suficientemente elevada moral y éticamente para cuestionar al gobierno. Y eso es muy raro, al menos para el género humano, tan exigente e inconforme por naturaleza. Las únicas excepciones a esta regla, aquellos que sí han luchado por las injusticias reales de este sistema, han sido, invariablemente acusadas de colaborar, actuar en su nombre, de ser asalariados de los Estados Unidos y desacreditados públicamente y con saña en los medios masivos, todos por cierto propiedad del gobierno. Créame que es imposible tanta coincidencia, particularmente en un país donde se viven tantas carencias de todo tipo, tanto de libertades personales, como económicas y espirituales. Algún reclamo auténtico debe haber.
 Las demandas que se hacen desde el delicado margen de la disidencia no son aspectos que tocan a un solo sector social sino a todos los cubanos. Y hablan de la libertad de viajar fuera de nuestro país sin requerir un permiso especial por parte del gobierno. De permanecer en el extranjero más de 11 meses sin caer en la categoría de “quedado” y perder nuestra nacionalidad y nuestras propiedades. De tener libre acceso a internet y gozar, a la par del gobierno, del acceso a la información noticiosa de nuestra preferencia. Del derecho a la privacidad y a la participación social en todos los niveles sin condicionantes ideológicas. De poder asociarnos y tener una opinión política abierta, sea la que sea, y de que no se encarcele a nadie por su pensamiento. Podría seguir, pero pretendo ser breve. Como ve, no son nimiedades, son todos derechos fundamentales del ser humano y que no dudo, usted y los jóvenes de su país, sí disfrutan.
 Le recuerdo también que detrás del rostro amable y preocupado de la Revolución Cubana, se esconde una dictadura militar en su más estricta definición. La resistencia durante las sangrientas dictaduras del pueblo chileno y argentino han sido y son un ejemplo para todos los cubanos, de lucha, de integridad y de valor ante la injusticia. Los atropellos de los que somos víctimas actualmente en Cuba, también ocurrieron en su país y son considerados una abominación y condenados en estos días de democracia por muchos sectores, precisamente por haberlos sufrido en carne propia. Justificarlos sería muy irresponsable. Todos conocemos los horrores a los que fueron sometidos estos pueblos en las décadas de los 70 y 80, pero muy poco se conoce en el mundo el historial represivo de esta “Revolución” que persiguió a los religiosos de todas las creencias, se ensañó con furia con los homosexuales hasta llegar a excluirlos de sus ocupaciones, golpearlos y encarcelarlos. Persiguió a todo aquel que escuchara una música extraña o tuviera gustos no comprendidos por el esquema de la época, acusados de “diversionismo ideológico”. Recogió, encarceló, procesó y deportó a sus provincias de origen a miles de cubanos por el infame delito de visitar la capital de su país. Miles fueron despojados de su vida en purgas colectivas acusados de cualquier cargo de moda donde usted podía ser culpable de tener “una risa pequeño burguesa”, “una conducta impropia” o un “pariente quedado” y así ha sido desde los primeros años este proceso revolucionario, cuando fue respaldado por miles de cubanos llenos de esperanzas, que se fueron diluyendo entre torpezas y decisiones arbitrarias.
Aún existe una fascinación incondicional por la Revolución Cubana en Latinoamérica, en gran medida por el desconocimiento de nuestra realidad, gracias a que los medios de denuncia han sido eficientemente silenciados a lo largo de todos estos años, tal vez por la generosa actitud con la que se muestra hacia fuera el gobierno de Cuba. He notado la tendencia a idealizar nuestro sistema, quizás porque durante los años que ustedes vivieron bajo la represión fueron perseguidos por ideas que parecían materializarse aquí, creando tal vez una ilusión romántica de justicia. Pero sepa también que esta dictadura encuentra crédito y se justifica con esas complicidades ante su pueblo, y es certificado de credibilidad la inocencia ciega con la que muchos apoyan a este gobierno, sin cuestionamientos esenciales, sin que prime la verdad.
Así que le pido, no se deje engatusar por las caras sonrientes y pregunte. Pregunte por la UMAP, por la parametración, por los ”actos de repudio” de ayer y por los de hoy, por las brigadas de acción rápida y la condición abiertamente declarada de “vigilantes” de los CDR y sus siniestras “verificaciones”, con menos glamour televisivo pero con igual costo humano. Y ya que quizás a usted sí le den alguna respuesta, pregunte por favor, por el hombre desesperado que gritó solo, no en una manifestación, sino solo, un par de opiniones en la misa que ofició el Papa en Santiago de Cuba y que fue golpeado a puños limpios, no con agua, desaparecido y hasta el sol de hoy nadie sabe dónde está. Y cuando tenga algunas respuestas, acudiendo a su criterio, pregúntese, por mí y por los millones de cubanos que queremos saber, si las cosas no podían haber sido de otro modo.
Ismael de Diego
La Habana, 06/Abril/2012
Foto: Camila Vallejo, autor TobiasK.